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martes 22 de septiembre de 2009
06:39 | Publicado por
La caja de cerillas |
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¡Qué penosas resultan las ansias de resurgimiento en las anteriores entradas cuando me he tirado un par de meses ignorándolas! Y ha sido precisamente hace unos minutos cuando un espontáneo enardecimiento, como un flash relampageante, me ha poseído por completo obligándome casi a hablar solo, lanzando anatemas e improperios hacia cualquier sombra cerebral que tuviera un atisbo de semejanza con la fobia recordada.
Efectivamente. La inestabilidad que me caracteriza. Un pensamiento que me mata; y esas ansias de romper con lo que no está bien.
¿A través de qué extraños vericuetos me ha llevado la sensación rememorada? No es tampoco nada del otro mundo: he recordado una exposición de fotografía; que a su vez, en su momento, me recordó a otra. Y es que en estas exposiciones, como en otras más serias, la parafernalia que se monta de quesos, vinos, estupideces, y gente atenta mirando hacia el objeto expuesto como si lo pudieran levantar con la mirada, me enferma. Sí, intentar demostrar que la telequinesis es posible es lo único útil que se puede hacer ante unos objetos que carecen de valor por sí mismos. Su valor es un mero "valor de conciencia". Nos conciencian de que algo es cuando no es. Nos fijamos sólo en lo que nos dicen que es, cuando realmente debemos sorprendernos de lo que efectivamente nos sorprenda. Simplemente debemos procurar educar en algo la sensibilidad si la tenemos un poco anquilosada.
Y ahora podréis pensar... ¿Y algo así te hace sufrir? A lo cuál, aunque ya sé que no es de muy buena educación, os respondería con otra pregunta: ¿Os sorprendería si os dijera que sí?
Efectivamente. La inestabilidad que me caracteriza. Un pensamiento que me mata; y esas ansias de romper con lo que no está bien.
¿A través de qué extraños vericuetos me ha llevado la sensación rememorada? No es tampoco nada del otro mundo: he recordado una exposición de fotografía; que a su vez, en su momento, me recordó a otra. Y es que en estas exposiciones, como en otras más serias, la parafernalia que se monta de quesos, vinos, estupideces, y gente atenta mirando hacia el objeto expuesto como si lo pudieran levantar con la mirada, me enferma. Sí, intentar demostrar que la telequinesis es posible es lo único útil que se puede hacer ante unos objetos que carecen de valor por sí mismos. Su valor es un mero "valor de conciencia". Nos conciencian de que algo es cuando no es. Nos fijamos sólo en lo que nos dicen que es, cuando realmente debemos sorprendernos de lo que efectivamente nos sorprenda. Simplemente debemos procurar educar en algo la sensibilidad si la tenemos un poco anquilosada.
Y ahora podréis pensar... ¿Y algo así te hace sufrir? A lo cuál, aunque ya sé que no es de muy buena educación, os respondería con otra pregunta: ¿Os sorprendería si os dijera que sí?
martes 30 de junio de 2009
16:52 | Publicado por
La caja de cerillas |
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Si buscas empleo y lo tuyo no es vender estás muy jodido. Todo es comercio. Pronto incluso esos bienes libres que nos explicaban en clase de economía, como el aire, irán siendo objeto del comercio; de hecho, el oxígeno que respiramos ya empieza a serlo.
No tengo intención de aburrir a nadie, todos sabemos lo que es el consumismo, o dramatizando un poco, la reinante avanzadilla del capitalismo salvaje americano -the wonderful american way of life- en nuestra vieja y estúpida Europa. Todo el mundo lo sabe, y hay quienes se ríen de que personas como yo nos preocupemos de que sean así las cosas y no de otra forma, porque la felicidad se compra con el bienestar (o con mastercard). Tampoco es mi intención ser un pesimista redomado.
Digo que no es mi intención aburrir a nadie con un tema tan amplio y poco a poco encaminado hacia el manual de los tópicos inconclusos. Tampoco voy a emplear muchas palabras. Simplemente dejar claro que la cultura no se vende. Y no quiero dejar sin trabajo al personal de las editoriales, o que éstas dejen de producir; tiraría piedras contra mi propio tejado. Más bien, que el objeto artístico es para todos, y que todos tenemos derecho a que al menos nos ofrezcan un producto de calidad y que el formato original de esa obra va a ser siempre superior al digital. Que muchos escritores de todo el mundo -en España tenemos una amplia pléyade no ejemplificativa sino significativa de vampiros culturales- escriben sólo y en exclusiva por dinero, con la consecuencia lógica... escriben la basura que la editorial les pide. Que la tecnología es desarrollo, pero si el maldito interés de sacar tajada está por detrás como siempre, lo que se vende con apariencia de comodidad no es más que alienación, pan y circo, condena. ¿No tenemos suficiente realidad que queremos a toda costa una virtual? Es interesante, a mí mismo me sorprende, pero...¿para qué?
Digo que cualquier cosa se puede vender. Hasta a una madre por otra copa, como decía Enrique Bunbury en aquella canción de Héroes del Silencio. Por eso digo ¡alerta! Que los libros que aparecen en novedades de El Corte Inglés están hechos no para fascinar, sino para ser vendidos. No nos conformemos con lo que nos ofrecen. No hay que chuparse el dedo. Espero que éste blog y la nueva caja de cerillas ofrezcan alternativas convincentes.
Marcos Arjona
Marcos Arjona
martes 16 de junio de 2009
05:53 | Publicado por
La caja de cerillas |
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Es cierto que después de visualizar y practicamente interactuar con los efectos especiales del cine de acción actual no puede haber gran cosa que nos sorprenda. Es decepcionante, pero el hombre pierde progresivamente, como enfermedad endémica y degenerativa al mismo tiempo, su capacidad y actitud para el asombro. ¿Qué hay que nos sorprenda, cuando aceptamos los avances de la ciencia con un encogimiento de hombros? Seguramente una experiencia fuerte, un accidente o la cercanía de la muerte. Pero también la vida debería sorprendernos. Los millones de estímulos que recibimos, si nos concentráramos en ellos plenamente, nos volveríamos locos. Pero es que no podemos acostumbrarnos al milagro de vivir. No somo conscientes de cómo germina una semilla, cómo crece el tallo hasta dar hojas y frutos.
Cada cosa, animal o persona nace, crece o muta de modos diversos. Los seres humanos, no solo por el mero hecho de ser mamíferos, sino por nuestra especial complejidad en cuanto a voluntades, capacidades y potencialidades, nos desarrollamos muy lentamente; y aún mas si se trata de nuestra capacidad creativa y expresiva.
¡Cuántas veces hemos comprobado como las palabras son insuficientes! Por eso hemos ideado gestos, símbolos, iconos, imágenes... La comunicación y el lenguaje en toda su amplitud.
A lo largo de nuestro crecimiento hasta que nos convertimos en adultos aprendemos todo lo que nos va a proporcionar en el futuro armas y medios para sobrevivir. Pero hay algo, oculto, y que pocas personas desarrollan; un modo distinto de expresar nuestras pasiones e inquietudes; aquello que denominan arte y que comenzó con la representación de figuras en las heladas y rugosas paredes de las cavernas donde habitaban nuestros ancestros más lejanos. Estos mismos hombres que inventaron el fuego, inventaron otro fuego, otra antorcha con la que expresar aquellas emociones y pasiones que recorrían sus vidas. Aquellos primeros hombres que se sorprendían de todo lo que les rodeaba y que aprendieron a vivir y a estar vivos.
Marcos Arjona
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